Secundino Lema, el dueño de un motel en Río de Janeiro, se prepara para recibir a un tipo de huésped algo diferente en junio, cuando miles de visitantes llegarán a la ciudad para discutir el futuro del planeta.
Las sillas eróticas que habitualmente ocupan un lugar central en las habitaciones de sus hoteles -Hawai, Skorpios y Serramar- desaparecerán de escena.
Pero los espejos y los jacuzzis se quedan.
Lema y otros muchos dueños de los más de 320 "hoteles del amor" de Río de Janeiro, han redoblado los esfuerzos para colaborar con las autoridades, satisfaciendo una necesidad fundamental en esta ciudad brasileña: la crónica falta de alojamiento temporal para turistas.
Se estima que unas 50.000 personas, entre ellas varios líderes mundiales, se hospedarán en Río durante la Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible. Pero sólo hay unas 30.000 habitaciones disponibles en los que podrían ser denominados "hoteles convencionales".
Todas las piezas de Lema han sido reservadas para la conferencia, que comienza el 13 de junio, aunque las jornadas centrales serán el 20, 21 y 22.
Lema acordó cobrar unos US$160 por noche, bastante menos de lo que están pidiendo ahora los establecimientos que todavía tienen habitaciones disponibles.
También es bastante menos de lo que cobraría a las parejas, que generalmente solicitan sus habitaciones por períodos de cuatro, seis o doce horas.
Lema dice estar haciendo esto "por la ciudad", y también ha acordado con las autoridades que no ofrecerá habitaciones por hora mientras dure la cumbre.
Eso le significará tener que rechazar a los 2.000 huéspedes diarios que aloja en sus 170 habitaciones.
"Será extraño no poder recibir a los clientes habituales en este período, pero espero que entiendan que tenemos que recibir a la gente del extranjero", dijo Lema.
Una noche especial
El negocio de los moteles de Río tuvo un auge en las pasadas décadas, como refugios discretos para las parejas. Pero en los últimos años han sufrido un declive en la demanda.
Antonio Cerqueira, vicepresidente de la Asociación de Hoteles, Bares y Restaurantes (SindRio), vincula esta baja a las actitudes más liberales que cobran fuerza en un Brasil todavía conservador.
"Los hábitos están cambiando. La gente joven deseaba llegar a los 18 para poder ir a un motel, pero ahora desde que tienen 16 se quedan a dormir en lo de su novio o su novia. Los padres lo permiten porque lo consideran más seguro", explica.
Pero con la perspectiva de ser anfitriones del Campeonato Mundial de la Fifa en 2014 y las Olimpíadas de 2016, los dueños de los moteles han descubierto una oportunidad brillante: el sector corporativo.
Los moteles de Río suman en total unas 5.000 habitaciones -y muchos, muchos jacuzzis.
Cerqueira, quien es a su vez propietario de dos -Shalimar y Sin Pecado, cuyo eslógan es 'Porque amar no es pecado'- sostiene que un tercio de los moteles están preparados para recibir a huéspedes de todo tipo.
Su nueva decoración intenta equilibrar los negocios con el placer.
Los dueños de los moteles han quitado los tapices aterciopelados de las paredes, desparecido a las ubicuas sillas eróticas y remodelado algunas piezas para que entre más luz.
Pero muchas de las habitaciones, a las que se accede a través de estacionamientos privados, todavía cuentan con camas redondas y algunos otros detalles peculiares.
"A los huéspedes les gustará. Podrán regresar al motel y darse un baño en el jacuzzi mientras miran las noticias", afirma Cerqueira.
Lema, sin embargo, quiere permanecer fiel a sus raíces.
Aunque aceptó arrendar sus habitaciones a los participantes de la conferencia, puso una sola condición: que el Día de los Enamorados quedara fuera de las negociaciones.
Esta fecha especial es nada menos que el 12 de junio, un día antes del inicio de Rio+20. Es el día del año que más trabajan estos moteles.
"Todos nuestros cuartos estarán llenos", asegura Lema.
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