IIntermundo Blog 25/09/2012. Los investigadores que siempre se maravillaron de lo que Albert Einstein era capaz de hacer con su cerebro ahora pueden echarle un vistazo: una nueva aplicación de iPad muestra diapositivas de esta legendaria materia gris.
El cerebro de Einstein fue extraído para ser estudiado después de su muerte, a causa de un aneurisma en 1955, por el patólogo que realizó la autopsia del famoso físico en un hospital de Princeton, Nueva Jersey (este de EEUU), indicó AFP.
El patólogo, el doctor Thomas Harvey, segmentó el cerebro de Einstein en alrededor de 170 piezas, más o menos agrupadas por los lóbulos y el tronco cerebral. A continuación, fraccionó esas partes en cientos de secciones microscópicas.
Las secciones fueron montadas en el portaobjetos de un microscopio y luego teñidas para destacar la estructura celular y de tejido conductivo del nervio.
Los herederos de Harvey donaron la colección de imágenes al Museo Nacional de Salud y Medicina en 2010.
En la primavera de 2012, el Museo Nacional de Salud y Medicina de Chicago (NMHMChicago) obtuvo financiación privada para comenzar la digitalización de la colección.
Las diapositivas digitalizadas hasta ahora están disponibles en la nueva aplicación informática. Los beneficios de la venta de esta aplicación serán destinados al Museo Nacional de Salud y Medicina del Departamento de Defensa en Silver Spring, Maryland (este), así como al Museo Nacional de Salud y Medicina de Chicago (Illinois, norte).
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| martes, 25 de septiembre de 2012
Para llegar a esta conclusión, 25 sujetos que nunca habían manejado videojuegos pasaron 10 horas en sesiones de una o dos horas jugando con una consola, bien a un juego en el que debían disparar (16) o bien a un puzzle tridimensional (9). Antes y después se registraron sus ondas cerebrales. Los sujetos que manejaron el videojuego de acción mostraban una mejora evidente en la capacidad de atención visual y cambios en las ondas cerebrales vinculados a la capacidad de suprimir información que distrae. Los que jugaban con puzzles en la pantalla no experimentaron cambios cerebrales. Se trata de la primera vez que un estudio demuestra que los videojuegos causan cambios directos en el órgano pensante (y no que diferencias previas nos impulsan a jugar más o menos delante de una pantalla, como apuntaban investigaciones anteriores).
“Tener la atención visual desarrollada resulta crucial en muchas actividades cotidianas”, subraya Ian Spence, coautor del trabajo. “Es necesario para conducir un coche, para practicar deporte, para detectar cambios en un monitor de un ordenador, o incluso si intentamos evitar caernos andando por una habitación infantil con el suelo lleno de juguetes.”
"¿Es posible crear una verdadera inteligencia artificial? Y, si lo es, ¿cuán cerca estamos de lograrlo?", se pregunta el matemático Marcus du Sautoy.
Hace un tiempo, cuenta, se encontró a un neurocientífico amigo suyo que le preguntó.
"¿Supiste de Watson?". "No estaba muy seguro de qué hablaba", dijo, "¿Una nueva entrega de Sherlock Holmes?".
"Watson batió ayer por la noche el récord mundial en el programa Jeopardy", explicó.
Jeopardy es un programa de televisión estadounidense que pone a prueba conocimientos generales. El triunfo de Watson, una computadora, marcó un antes y un después en el campo de la inteligencia artificial (IA).
Humanos contra computadoras
En el mundo científico hay una serie de retos clave para cumplir el sueño de fabricar una inteligencia artificial y lograr que una computadora supere lo que puede hacer un ser humano.
Triunfar en Jeopardy es uno de ellos.
Puede que a algunos les parezca algo trivial, pero nada más lejos de la realidad.
Tomemos por ejemplo esta pregunta: "Qué elemento, de número atómico 27, puede preceder al "azul" y al "verde"?
El cerebro humano es capaz de procesar el lenguaje y rápidamente buscar en la enorme base de datos de su memoria la respuesta "cobalto".
Las computadoras son cada vez más buenas haciendo esto. Sólo hay que fijarse el modo en que parecen saber lo que estamos buscando en un buscador de internet sin que apenas les digamos nada.
No obstante, que los algoritmos matemáticos que ejecutan estos motores de búsqueda puedan vencer a campeones del mundo marcó el momento en que la inteligencia computacional dejó atrás a la inteligencia humana en lo que a buscar información respecta.
No es la primera vez que la IA es sometida a examen.
En 1999 la supercomputadora Deep Blue de IBM venció al entonces campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov.
Al requerir un análisis lógico profundo de las implicaciones de cada movimiento de ajedrez, éste quizás fue uno de los ejercicios más fáciles a los que se puede someter a una computadora. El pensamiento lógico es lo que hacen mejor.
El test de Turing
En una publicación de 1950 el matemático británico Alan Turing señaló que la clave del éxito de la IA es la comunicación.
Si usted hablara con una máquina a través de internet, ¿podría distinguir si se trata de una computadora?
Los seres humanos evaluamos la inteligencia de nuestros congéneres a través de nuestra interacción con ellos, si una computadora pudiera hacerse pasar por una persona... ¿podríamos decir que es inteligente?
Ya existen algunos candidatos que están muy cerca de aprobar este examen, conocido como el test de Turing, incluyendo al robot cleverbot.
No obstante, hay muchos expertos que empiezan a cuestionar el que la interacción sea el requisito clave de la inteligencia.
Incluso si una computadora pasa la prueba, no significa que entiende nada de la interacción.
De hecho, el filósofo John Searle, puso a prueba este concepto con un experimento llamado "La habitación china" que cuestiona el que una máquina pueda realmente pensar.
Un ser humano se ubica en una habitación con un manual de instrucciones en el que figura una respuesta apropiada para cada serie de caracteres chinos visibles en la habitación.
Aunque la persona en cuestión no hablaba mandarín, se demostró que podía mantener una conversación muy convincente con uno que sí lo hablaba aún sin entender nada de lo que él mismo estaba diciendo.
Searle compara al hombre de la "habitación china" con una computadora leyendo un trozo de código. Si la computadora no entiende el mandarín ¿cómo puede decirse que entiende lo que está programada para hacer?
Es un poderoso argumento que va en contra del test de Turing. Sin embargo qué es lo que nuestra mente hace en este mismo momento leyendo estas palabras?
¿Acaso no estamos simplemente siguiendo unas instrucciones? ¿Podría considerarse todavía que la computadora entiende mandarín?
Visión de computadora
Probablemente, el mayor reto a la hora de crear una IA es igualar la habilidad humana de procesar información visual.
Las computadoras todavía distan mucho de lograr el nivel que tiene el cerebro humano cuando interpreta lo que ve.
Un ejemplo claro son esas letras que nos piden que escribamos cuando algunos servicios de internet quieren asegurarse de que es una persona, y no una máquina, la que está tratando de enviarles un mensaje.
Es como un test de Turing a la inversa donde la computadora trata ahora de distinguir entre un humano y una máquina.
Los humanos somos capaces de distinguir entre estas rebuscadas letras mientras que la computadora es incapaz.
Esto es tan sólo un ejemplo de cuán mal las computadoras procesan los estímulos visuales, por ello esto se ha convertido en un reto crucial en el desarrollo de la IA.
Teniendo en cuenta la cantidad de cámaras de vigilancia que cada vez más abundan en los núcleos urbanos de todo el mundo, las firmas de seguridad adorarían tener una máquina que tuviera capacidades similares a las humanas.
Sin embargo, todavía tienen que depender de humanos para detectar en las pantallas comportamientos sospechosos.
Las computadoras tienden a leer las imágenes píxel a píxel y para ellas es difícil integrar esta información.
Por lo tanto, parece que todavía tenemos un largo camino que recorrer para fabricar un procesador que pueda rivalizar con la materia gris de 1,5 kg ubicada entre nuestras orejas.
Cabe recordar que nos ha llevado millones de años de evolución el darnos cuenta de la formidable máquina que es nuestro cerebro.
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Las alucinaciones cenestésicas que afectan a la sensibilidad visceral interna -por ejemplo “sentir” el flujo de sangre en los vasos sanguíneos-, son muy comunes.